TURIA Revista Cultural nº 116 Febrero 2016


Tapia con mirlo, 2014




de un             
La verdad           instante
de este            
MARINA TSVIETÁIEVA


Meter em verso as pequenas coisas
mais fáceis de se perderem.
RUI CAEIRO

TAPIA CON MIRLO 

Yo, pensándote. Tapia 
cubierta por la yedra con un mirlo 
en lo alto, desconfiado, inquieto. 
Maduran las cerezas y los nísperos, 
pero la piedra insiste en su grisura. 
Puerta, luz oxidada, 
hierro que nadie cuida. Yo, sabiéndote, 
mis zapatos de charla con guijarros 
que sepultan las malas hierbas. Cruces, 
flores marchitas, nombres sin alguna 
letra. Yo, presintiéndote. 
RETRATO DE CAMPESINO DESDE EL SENDERO 

El heno recogido. Las yeguas irritadas. 
Ladridos de los perros. Gruñidos del cerrojo 
del portón al cerrarse. 
En la frente las gotas de sudor, de humedad, 
de incertidumbre. Lonas sobre el carro, las palas. 
El cielo tan oscuro. 
Los postigos sellados. La memoria despierta. 
El temporal se acerca desde el oeste. El trueno 
lento alcanza al rayo. 
Los goterones pintan lunares en la tierra 
pálida, leve, limpia, asustada. La lluvia 
hace temblar las tejas. Igual que en el amor.  
TRES VIÑETAS DE GEORGE GROSZ 

Bosque de las luciérnagas, 
sonata que ensayaba a su regreso 
de la escuela en invierno, cobertizo 
donde se oía el tren cada mañana 
camino de Berlín. 

                                          Maleta 
atada con correas, niebla, luces 
a lo lejos de pronto allí delante, 
dos bocadillos, zumo, con las señas 
de una calle en Berlín. 

                                           Tranvías, 
una carta de recomendación 
que no tiene. La espera, un balde roto. 
Asentir a un susurro en el café 
es fácil en Berlín. 
                                           Caricias 
que capturan luciérnagas.
Colección La Gruta de las Palabras nº 88
Director de la colección: Fernando Sanmartín
Prensas Universitarias de Zaragoza
Zaragoza, 2014
80 págs.  13 €
[Enlace editor]

Vitrina de charcos, 2011




L'éclari me dure
RENÉ CHAR

I

Patea el aire, seis agujas,
seis filamentos insaciables,
insaciables los seis insomnios
que patean la noche, agujas
incansables, las seis angustias.
Escarabajo boca arriba
en el sendero. Seis insomnios.

Dos brazos, manos, dedos, dos
afluentes los dos brazos, manos,
dedos, sin número los dedos,
arroyos o torrentes, nunca
charcos, los dedos navegan,
transportan secos troncos, muertos
que llegan hasta el río y más.

Siete palabras. Cada signo
arañado a la piedra, siete
signos en orden inflexible,
 arañadas palabras, siete
uñas, siete silencios, cantos
ruidosos, inflexibles cuando
se desmoronan, piedras, signos.

Senderos, ríos y poemas,
no vengáis, no riáis, no habléis.


IV

La noche que Novalis dibujó
para que el cuello fuera la luciérnaga
y el abrazo las manos que la atrapan.

El cuello que Novalis ha soñado
despierto como fatuo resplandor
donde el agua se abraza a los nenúfares.

Abrazo que Novalis sentiría,
y en los labios la tenue piel de un dios,
al estrechar los hombros de la náyade.

La piel imaginada por Novalis,
azul, no blanca, entre las sombras déspotas.
Blanca en medio de la noche azul.
.
Un Novalis que Novalis no vio.
Una noche que la noche no tuvo.
Un cuello que aquel cuello. Un dios. La ráfaga.


VI

Y en el bolsillo arena, piedras
menudas, sin valor, estiércol
seco, matas de hierba, plásticos
viejos y la memoria estéril
de los suyos. Y en el bolsillo
muy arrugado un papel, luces
escritas con grafía extraña,
unas cuentas quizá, una carta
que nadie sabe ya leer
o un simple instante de silencio.
Y en el bolsillo poco más
—arena, piedras, matas, plásticos—,
un papel, un silencio apenas.

Ninguna hora en el bolsillo,
en tantas que llamó, tenaz,
para que no viniera nunca,
en otras que olvidó sus sombras.
Ninguna noche, ni la víspera
de la noche, del ángel. Nada.




VII

Cuando la oscuridad emerge
desde el reverso del estanque,
enloda despacio las aguas
y sus añiles cercan
la luz que aún palpita en los nenúfares,
los ojos ceden. Los brazos, las manos,
las piernas.
Ceden los cabellos blancos,
invisible caligrafía
sobre las hojas que quedaron
por escribir en el cuaderno.
Los símbolos reconocidos
se hunden al atardecer
en la tumbona que junto a la mía
hay sin nadie.
               Me asusta el súbito
escalofrío y abro bien los ojos.
Si me levanto en busca de un jersey,
algo me retendrá dentro —no sé,
la cena, las tareas— al tiempo que anochece.

Colección La Gruta de las Palabras nº 73
Director de la colección: Fernando Sanmartín
Prensas Universitarias de Zaragoza
Zaragoza, 2011
100 págs.  16 €

LITORAL. El Árbol. «Sombras»




Nada turba la sombra de los cedros
En el parque, solo de vez en cuando
Cruza algún corredor o alguna madre
Con los niños a rastras. El muchacho

Abre el cuaderno azul de las metáforas,
Numera líneas hasta catorce
Y escribe las mayúsculas de un título;
Libro que llamará Narrado en Bronce.

Pero una voz distrae su mirada.
El murmullo tras la espesura ha roto
El primer verso, la indolente brisa,
Las palabras sabidas, su inocencia.

Encaramado al seto de los sueños
Con los ojos pendientes del deseo
Ajeno, ha visto unas manos talladas
Sobre las faldas granas de la tarde.

Litoral nº 257 «El Árbol. Poesía y Arte». Málaga, 2014. Pág. 153.

«DICIEMBRE, 1981» («Poemas para Luis Cernuda» Ediciones LA REVISTA ÁUREA 1. Madrid, 2013. Pág. 105)




D I C I E M B R E,  1 9 8 1

Qué indiferente era aquellos días 
después de clase la ciudad. Qué inútil 
la lluvia o el rosado atardecer 
cuando sobre la puerta la campana 

tintineaba y abría el paraíso. 
Vida eterna de estantes atestados, 
el polvo de un desierto entre los lomos, 
y cuando se encontraba, la promesa 

de un fulgor. Con cubierta y forro, 
Garamond caja alta, dos delfines, 
Poesía completa. Luis Cernuda. 

Sin quinientas pesetas. En la guarda, 
a lápiz. Tapo el libro. Salgo. Corro. 
Vuelvo corriendo. Aún está. Lo pago.

«143 SÍLABAS» (LA REVISTA ÁUREA núm 5 Madrid, 2013 Pág. 22)



1 4 3  S Í L A B A S

A las cinco en enero ya oscurece, 
los semáforos saltan su aburrida 
rayuela ante los plátanos. Abrigos 
y bufandas puntean las aceras. 

Del cuello de la noche cuelgan perlas 
brillantes y fugaces. Alguien fuma 
en un balcón. Los signos nada enseñan 
a quien los mira. La ciudad se pudre 
sujeta en el bolsillo entre las manos. 

El invierno le habla muy cansado, 
con voz de lluvia, al alma. Las vacías 
plazas, escaparates tras las rejas 
y óxidos en el aire la dibujan.


Maleza (ciclo completo 1990-2010), 2010

.
.


La felicidad posible
va volviéndose cada vez más imposible
FRANZ KAFKA
Otoño en Carlisle /3

...............................GETTYSBURG

Las moscas, dijo allí Jesús Aguado.
Un infierno de verdes moscardones
donde mirábamos tan complacidos
hierba, árboles altos, setos, mármol.

Ningún insecto revoloteaba
las losetas con número de muertos
desconocidos; ninguna molestia
frente a los monolitos funerarios.

Las moscas —repitió entonces Jesús
Aguado porque nos veía ver
tan confiados el cielo azul, los bosques

carmesíes— las moscas, los cadáveres,
van siempre de la mano como padre
e hijas. ¿Quién las ve? Todo tan pulcro.
Lisboa
.
No, no es lo mismo el recuerdo que la memoria. El recuerdo lo es de los días ágiles del verano y la memoria sedimenta su lodo únicamente en las tardes repetidas del invierno. Hay ciudades que se recuerdan por la generosidad de sus avenidas, por sus catedrales o por sus concurridos cafés. La memoria distingue los hundimientos de la calzada, los mensajes escritos en los muros, el picaporte de las puertas en las tiendas oscuras, o el acento del norte de un vendedor de lotería. El tiempo no daña el recuerdo, pues ante él todo permanece con ese aire intemporal que tienen las postales iluminadas a mano. No soporta la memoria enfrentarse al tiempo presente: esas pequeñas mudanzas (un empedrado distinto, un edificio o un comercio nuevos, una ausencia entre las voces de la plaza…) complican cualquier regreso. La respuesta del recuerdo es el énfasis. La memoria prefiere la indiferencia. Piensa que su lugar debe estar en otra parte. Una cosa más: el recuerdo se narra en tardes de muchos amigos en torno a una mesa; la memoria si se transmite es en silencio, cuando por ejemplo te aprieto la mano al pasar frente a la cochera de tranvías en Alcântara.
Alcântara

Polillas en la madrugada,
los tranvías regresan al hangar
de los sueños perdidos. Luz metálica,
herrajes lánguidos, lagartos,
felicidad de grasas tan antiguas
como los versos sincopados.
.
Te llevé un día a verlo, los dos juntos
de la mano; silencio entre cegueras.
.
Abierta fruta al mediodía,
la cochera recuerda una vitrina
de dioses, biblioteca de espasmos,
pinchados coleópteros azules,
reino libre de túneles e insultos,
reino apátrida, lejos de los tábanos.
.
Mi camino cruzaba siempre
por delante: su puerta, mi ventana.
.
Enigmático dial, destino, cauce,
paciente don de un trazo paralelo.
No es cierto que alcances donde dices,
Vía Muerta.

Colección Alambique nº 6
Huacanamo
Barcelona, 2010
224 páginas. 14 €

«Sintra» (Turia nº 91, octubre de 2009, pág. 145)

.
Sintra

Aquel hombre llamado Pedro sale
conmigo a la terraza: allí el castillo
invita a la armonía.
Ha llegado por la mañana
a visitar mi sueño abuhardillado,
el colchón en el suelo, mi chaqueta
en el suelo, tarima que acarician
sus pies descalzos. Aquel hombre
llamado Pedro llega de Lisboa
en tren, el mismo renqueante, sucio,
lánguido tren que olvidan nuestras manos
—juntas fundan un sueño sin presente.
He abierto la puerta con confianza
al hombre que quería verme, Pedro,
sería un buen testigo de que el sueño
que soñé en Sintra tuvo cuarto, puerta,
terraza y una ventana abierta al cielo.
Al cabo todo resultó tangible,
y el agua lo deshizo lentamente
en los recuerdos renqueantes, sucios,
lánguidos del país que fue real.
Todo, la lluvia y las caricias
y el amargor que en nuestras bocas
culminaba el placer, todo mortal
salvo el hombre llamado Pedro
que ignoro desde dónde llega,
de qué me conocía, cuándo
nació aquella confianza
con la que abrí la puerta de la casa
a quien al irse dejaría
muertas sus ataduras con la realidad.

Frágiles, 2006

.

pas davantage
de souvenirs qu’à l’âge
d’avril un jour
d’un jour
SAMUEL BECKETT

El silencio de la vieja iglesia

En el balcón sus cuerpos sin camisa
brillan como jarrones chinos, jóvenes
en noche de sábado, en verano,
sin saber dónde ir, sin saber cómo
vencer al tiempo. Danzan ilegibles
por el piso de los padres ausentes.
Sólo la artesanía de la hierba,
los dedos laboriosos en la palma,
les detiene un instante, luego fuman
en círculo y de nuevo lanzan tacos
bajo la luz de un farolillo rústico.
Llevan el pelo corto y se adivinan
las horas de gimnasio en vientre y hombros.
Sólo a veces con ellos hay alguna
chica, que no interrumpe la deriva.
Una noche un muchacho la descubre
tras su escondite de cortina y sombra,
al otro lado de la calle, y encara
sus ojos recatados, tan humildes
como el silencio de la vieja iglesia
donde se arrodillaba cada tarde
para pedirle a Dios un buen marido.
«Eh, tú, ven a follar aquí conmigo»,
oye, detrás de los visillos, trémula,
azorada, dolida, opaca. Muerta.

En el balcón los cuerpos sin camisa
empujan el verano hacia otro mundo.
Presentación de «Barcelona 08009»

Cómo se aburriría entre nosotros
Rimbaud. Sin su melena, su pipa,
sin un talud al borde del camino
donde echarse a dormir, nos saludamos.

Oficia el viejo sacerdote, ateo
por desmemoria, de la poesía.
Café del Centro, calle de Girona
sesenta y nueve. Junio ensucia y afea.

¿Qué nos haría hermanos de Rimbaud?
Envejecemos muy despacio, en calma.
Nadie nos amenaza en el asilo

de malos editores y ninguna
reseña. Pero nos queremos mucho,
porque, muerto Rimbaud, no queda vida.


Presentation of Barcelona 08009

Rimbaud would be so bored among us.
Without his mane, his pipe,
without anywhere to sleep
along the side of the road, we greet.

Our celebrante, the old high priest of poetry,
an atheist by virtue of forgetting.
Café del Centro, Girona Steet
sixty-nine. June looking dirty and ugly.


What could make us brothers of Rimbaud?
We age slowly, calmly.
No one threatens us in our asylum

of bad editors and no reviews.
But we love one another a lot,
because, with Rimbaud dead, there's no life.

Versión de Mark C. Aldrich
Sirena 2006:2. Dickinson Collage. Carlisle PE
De quien muere sin elegía

Te habré mirado, torpe desperdicio
canino en la cuneta, muerte acaso
también como la nuestra, sin quererlo,
con la ciega visión de quien conduce.

Con los altivos ojos de quien piensa
habré hablado, porque hablar distingue
del que ladra, a la amiga que ha visto
la misma sangre, vísceras y broza.

¿Qué tontería habré contado luego
para endulzar algo la imagen ingrata?
La carretera, sin embargo, sigue.

Suena la radio. Alguien nos adelanta.
En el hostal donde almorzamos nada
queda del perro. Ni de quien lo vio.
Colección El Castillo del Inglés, 12.
Publicaciones de la Antigua Imprenta Sur.
Málaga, 2006.
Ilustración de Rafael Pérez Estrada.
42 págs. No venal.

Domicilios (Antología 1983-2004), 2005

.

Antologia, 2004

.
Túneis / 1

Há quem lhe chame o túnel. Corredor
que vai desde a rua até ao mercado.
Quanda baixa a grade frente às entradas
o vigilante, fecha a luz, letreiros,
já ninguém se aventura pelas sombras.
Do passeio vêem mover-se as brasas
dos cigarros, ao ritmo das mãos,
ouvem risos de longe se nos rimos.
Cheira a urinas, está frio. Um dia
seus lábios encheram-no de carícias.
Pelas manhãs abre um homem do talho
que à tarde deixa diante do vidro
uma fila de ganchos. Muitas vezes
vejo pendurado aí o nada.
Túneis / 9

Um dia eu ouvirei falar na rádio
do amor, ao limpar os corredores
e gabinetes do grande edifício
da Esperança. Soará a voz
no carro, entre panos, sabões, baldes,
a voz que fala a todos do amor.
Enquanto aspiro a alcatifa, esfrego
retretes, erguer-se-ão as palavras
com seu pequeno túnel de verdades,
com aquelas cócegas miudinhas
da felicidade. E ao sair
vou para a rua como quem um dia
sai da maternidade e nos seus braços
leva um vazio, embala um vazio.
Túneis / 10

Armários sem roupa
gavetas vazias
a cor das cobertas
ida e os lençóis
negros de humidade
lâmpadas fundidas
em fio tapetes
aparelhos mortos
e vidros partidos.
A vida em tal tútel
o segundo esquerdo
número vinte e quatro
sem ti uma chaga
sem ti era o nada.
Averno. Lisboa, 2004.
Selección, traducción y nota introductoria de Joaquim Manuel Magalhães.
Ilustración de José Loureiro.
Maqueta de Olímpio Ferreira.
136 págs. 12 €.

Formas débiles, 2004

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Onde vamos, alheio o pensamento,de mãos dadas?
CAMILO PESSANHA
Motivos / 5

Detrás del presbiterio, bajo
un arco de medio punto,
desciende una escalera estrecha,
húmeda y hosca hacia la cripta.

Sobre seis columnas deformes,
tan pesada como la noche,
prieta, la bóveda descansa
envuelta en ásperos sillares.

Un único tirabuzón
de luz zaranda un ventanuco,
dibuja sombras en las sombras.

Una hornacina entre silencios.
La cripta es una burbuja
en el gorgor del universo.
Pintura / 1

La muchacha de ojos claros busca
encender el candil frente a las sombras.
Presiente ya el desorden de la noche
en la pereza de la luz gastada.

Toma la vela con la mano izquierda
y dirige la llama hacia la mecha.
Un arco con arenas parpadea
y destierra lo oscuro a los rincones.

Recupera la aguja, su dedal
y los trapos que arrumba en el regazo
para zurcir los antiguos remiendos.

El canto de los pájaros se ahoga
tras la ventana abierta hacia el verano.
Aunque llegara, no hablaría el tiempo.
Ciudades / 1

Nada descubro en Burgos esta tarde
que me recuerde a mí, que vierta sangre
de la sangre que nutre mi memoria.
Bajo los soportales he mirado grúas,
la caseta metálica
donde se cambian los obreros,
el color húmedo de los terrones
de arcilla, el muro de cemento
hendido en las entrañas de la plaza.
Es tan trivial la tarde en Burgos,
tan ajena a los ojos que soñaron
un día con su nombre como el nombre
del edén: esa luz donde se mira
la tersura de lo que no existe.

Ante el escaparate de un comercio
he visto mi reflejo:
las mangas le comían las manos
y en los hombros
la pana se estiraba con ciertas estrecheces,
le aprietan los zapatos de Dios sabe qué boda,
aunque le esté ahogando el botón en el cuello
considera lo propio de ir a la ciudad
mantenerlo abrochado.
.....................................Sólo ha sido un instante,
luego ha vuelto el bochorno de septiembre
perlado en el sudor de los obreros.


Premio Hermanos Argensola 2004.
DVD, poesía. Barcelona, 2004.
90 págs. 9 €.

Salobre, 1999

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Mi alma en las ciudades tiene asiento
CAROLINA CORONADO
Canción del río Hudson

El río es la ciudad.
...............................Digiere la inmundicia
lenta de los desagües y devora los humos
que se restriegan por su lomo en las madrugadas
de mercurio.
.....................Barcazas con bidones
apilados y oscuros desbaratan
el trazo de las luces sobre el cauce.
Barcazas con enormes cubos
de desperdicios surcan las imágenes
de los enormes cubos del desorden.
Barcazas con las luces encendidas
y turistas borrachos, paquebotes
que dejan un sabor a gasoil en el aire,
lanchas y urcas con focos que disparan
su brillo a la madera calcinada
del agua.
............Todo lo digiere, prieto
como la noche; todo lo dibuja
en su pizarra.
............Y si algo estorba
o deshace el idilio que desde la avenida
miran ensimismados los amantes,
se besan, y ya nadie mira el río.

El río es la ciudad.
Balada de Coney Island

Cuando cae la tarde
y los bañistas abandonan
el lugar tras un sábado de playa,
vestidos sólo a medias y la toalla al hombro,
las gaviotas, en grandes grupos,
se reparten la arena, imitando quizá
a quienes ya se aprietan
sobre los andenes, camino
de la ciudad.
..........................Desde un bidón así,
como éste al que ahora me encaramo,
contemplé las gaviotas
el día en que cumplí los diecisiete.
No lo recuerdo por casualidad.
Era domingo y todos habían ido al baile
menos yo, que acunaba mi primer desengaño.
Las vi llegar
y mezclarse con los bañistas últimos.
Pensé que desde ese momento ellas
iban a convertirse
en un símbolo propio del amor.
Admiré su plumaje blanco y puro,
la soberbia quietud y elegancia del vuelo,
y encontré reflejadas sobre el gris de sus alas
las cenizas de un día calcinado.
También tuve, sentado en el bidón,
una esperanza súbita: los grises
eran más suaves que las puntas negras
de donde procedían. Luego escribí:
«Vuelo de las gaviotas:
negro, gris, blanco: puente hacia lo puro».
En eso pienso ahora mientras veo
cómo rebuscan con el pico
entre la arena y cubos de basura
restos que tragan con innoble prisa:
lonchas de mortadela en bocadillos
mal mordidos, filetes rebozados,
muslos asados en los puestos de la calle
que los niños esconden tras morder la crujiente
grasilla de la piel.
.....................................Qué pajarracos
carnívoros, rastreros y farsantes
fueron un día el símbolo más puro del amor.
Amor...
..................(alguien asoma tras las dunas,
medio desnudo, las insulta y lanza
latas a su intrusismo tan malsano
y obsceno) las gaviotas lo recuerdan
siempre
cuando cae la tarde.
Madrigales de la lactancia

1.
La luz del mediodía
tras las cortinas, en el cuarto, tenue,
es en tus ojos leves
sombra, y la sombra de los cuerpos, vida.
Aunque tú no sepas que la vida es vida,
en tu mirada breve,
que al mirar estremece,
cobra sentido el día.

2.
¿Cuántas horas y cuántos años, siglos
milenios, qué universo
y qué mundo o galaxia,
cuántas lluvias, sequías, sol o cierzo,
cuántas bonanzas, temporales, noches,
qué ríos, qué desiertos,
cuántas luces y días
han hecho falta para traer tu gesto?

3.
He visto esta quietud
en blancos angelotes de alabastro,
extraña e inquietante,
y en los escudos blancos
de antiguas monarquías.
Esta quietud de barco
que navega a lo lejos.
Este sueño de jade, este letargo.

4.
Costumbre de las horas sin costumbre,
lívidas horas, horas
blancas, súbitas horas
cuando la noche pierde voz y lumbre.
Cuando la noche espesa su acedumbre,
y de súbito lloras
y nunca cuando lloras
logra hacerse costumbre la costumbre.

5.
Ya sea el resplandor
secreto del papel fosforescente,
o el caer de una tarde de invierno,
lánguida prematura, entre la gente;
ya sea la blancura
de un muro reluciente,
tus ojos analíticos, curiosos,
sólo la luz comprenden.

6.
No lo sabes aún y ya lo sabes:
castillos, rosas, aves,
los saltos de una rana por el suelo,
la blancura del cielo,
lejana águila que va de vuelo.
En tus ojos no hay velo,
torres, jazmines, pájaros y aves:
las cosas que ya sabes.

7.
Al principio mi voz es mi presencia,
y un día es también, entre las luces,
la mancha que se mueve
y tus ojos persiguen.
El día que me siguen
por la estancia de nieve
lo anoto en esta página mientras luces
ojos, manos, sonrisa y transparencia.
VI Premio de poesía Ciudad de Córdoba - Ricardo Molina, 1998.
Poesía Hiperión. Madrid, 1999.
Ilustración de Rafael Pérez Estrada.
92 págs.

Maleza, 1995

.


A minha cidade
é modo de ver
RUI CINATTI
Pieza ligera

Una estación sin nadie en los andenes,
Un banco en la avenida y nadie cerca,
Un almacén abandonado,
El tope de una vía muerta,
Un autobús vacío,
Un jardín solitario,
Un tren sin luces,
La madrugada,
Un hueco.
Yo.
Poética

Y lo hacen en el coche frente al mar
Discreto de los sábados, y luego

Despeinadas y feas, algo hinchados
Los labios, con arrugas en la falda,

Aparecen por el café. No exigen
Al fumar ni palabras ni caricias.

Las imágenes de televisión
Invaden por completo su mirada.

En su dulce abandono del deseo
Prenden los símbolos más solitarios.
La serrería de Berg

Reseco por los años, como piel
de un ofidio gigante, el viejo hangar
junto al castillo comparte el silencio
de las ruinas. Entonces, los maderos
se apilaban en grandes torres blancas,
y el silbido hiriente de las sierras
rebotaba en las laderas del valle.
Una nube de limaduras
y serrín se elevaba cada día
y brillaba al anochecer
sobre los muros, las ventanas
y las terrazas del castillo.
Al zumbido se unían las canciones
de los obreros, que tras el almuerzo
se tumbaban a la sombra apretada
de aquellas piedras medievales. Hoy
la maleza reúne aserradero
y fortaleza. La chiquillería
ha reventado tapias y saltado
almenas. Sólo algún lector de Rilke
continúa mirando con rencor
el silencioso hangar. Un gesto inútil:
También ha muerto el tiempo de la muerte.


Colección Signos.
Madrid, 1995.
86 págs. 1.200 pts.

El don impuro, 1989

.

Diré el que em fuig. No diré res de mi
GABRIEL FERRATER
La casa

Verán libros amontonados y sin orden.
Muy leídas, las novelas de Joaquín Belda
asustarán a alguno. No hallarán diario
ni sublimes escritos con intimidades.
No hay cuadros en el cuarto. No hay otra ilusión
más allá de un bolígrafo que aún escriba,
un sobre, un sello... Y cuando busquen cartas
verán sólo viejos recortes de periódico.
Los cuadernos que me regalaronen Málaga.
Pésimas fotografías de familia. Once
versos causales de un soneto inexistente.
Y un racimo de razones para el olvido.
Cuando abandone la casa el último día
poca vida más encontrarán en ella.
La angustia

Viene de la ciudad alta en la noche
con paso torpe por el empedrado.
Las cúpulas doradas son ya sombras
lacradas en el cielo. No le turban
las luces pasajeras del tranvía
ni la puerta oblicua del café.
Pasa junto a mujeres que caminan
despacio y evitan las farolas, a hombres
que susurran lo amado, y prohibido.
Se adensa con la bruma del invierno,
no se arredra en las calles solitarias,
las miradas opacas no le asustan.
Ella atiende sólo a su grito sordo,
el mismo que atormenta mis sentidos
Fin de siglo

Ante la casa llega un sol de tarde
con oros viejos, lenta, sin enigmas.
Poco a poco se adensan la verdura
pobre de los olivos y el añil
austero de las aguas en el Golfo.
Descubro tras el muro alto un mensaje
de los siglos. El tosco latín que hablan
estas piedras monásticas exige
los mayores cuidados. También mi alma.
Con fatiga transcurrirán las horas
hasta cegar con sus postigos de aire
los ventanales de la casa. El fuego
entonces y las páginas de López
Velarde acallarán mi corazón.


Colección Puerta del Mar XXXVIII.
Málaga, 1989.
153 págs.

Alfama, 1987

.

De nós mesmos falar não é possível
JORGE DE SENA

Apunte para un canto a Lisboa

El recuerdo propio se desvanece,
cada día más aislado y lejano
y de otro, se olvida como si un ángel
caído nos tomara por el hombro
en la tarde añilada: Sebastião sou.
Como si al anochecer nos amparara
con su desasosiego ilimitado
el enjuto y genial traductor de almas.
En una desvencijada pensión
se remansa mi vida como el agua
torpe del río que todo lo ha visto.
Fuera circulan tranvías, personas,
miro sus ojos durante un instante
y con su memoria trazo los versos.
Imagen de Ardhanari

Se pintaba los labios entonces con sangre
de la herida, adornaba sus ojos
con el brillo de alimaña asustada
y en la calle
recorría las aceras como un velero
por una mañana desabrida.
Se atusaba el flequillo frente a un espejo
en ciertas cafeterías con alboroto
y ases de corazón
descalabrados e impacientes.
Una tarde se vino a mi mesa,
atractiva y cansado, solitario y perversa,
qué más puedo decir,
ni sus carantoñas ni mi apurada
conversación acertaron
el lenguaje tierno con que se escribela compañía.
El secreto

Has entrado en la noche
por el costado de la soledad.
A ella le cuentas que sales con ellos,
a ellos que con ella.
Encaminas el viejo cuatrolatas
hasta cierto lugar deshabitado de la ciudad.
Has hecho entrar un cuerpo,
habéis encendido un pitillo mientras
buscas un encierro entre las sombras.
Silencias su voz cuando quiere hablarte,
con un gesto decides
modelo de pasión.
Has entrado en un cuerpo
por el costado de la soledad.
Te has sentido bien durante un instante
pero lo callas,
aunque no consigues reprimir
una caricia en el vidrio empañado.
Tras cerrar la portezuela te deja
una estela de perfume innoble
que aspiras con deleite:lo quieres como símbolo
para cuando abrase la claridad
de la mañana.

Colección Malos Tiempos.
Víctor Orenga, Editor. Valencia, 1987.
64 págs.

Sortilegio, 1983

.

Oh dona que fas via només per corriol
JOSEP CARNER
La primavera

Desde lo lento, y más aún,
y más adentro, vino, qué estúpida
ante ese muchacho fotogénico,
un poco forzada su belleza, bello.
Algo irreal tintineaba por dentro,
no es motivo de alarma, cariño, la dulce
tez y los sabrosos ojos.
No me siento más necesitada que tú,
como tú, y cuando te tengo
en el centro del cuerpo
se evapora, oh muchacho encantado,
y si no lo impido, te evaporas tú,
y no me sienta este tono en el vestido
decentemente con esa luz.
Canción triste de cabaret

Le tuve tan cerca,
sólo tengo una noche para ti,
me dijo, y te la entrego
entera. Tan cerca, el aire
plateaba color de mar.
Nos besamos sobre la ciudad encendida.
Entonces lo dijo, con una voz
a medias melaza a medias
salitre. Más salitre ahora
que me repite en el ápice
del recuerdo. Cada noche
acudía al regazo de mi sueño
y ese día, nos besamos,tan cerca.

Pero tuvo que decirlo,
tuvo que abrir los labios
que habían sido míos eternamente
y decirlo con estas palabras,
sólo tengo una noche para ti.
Algo reventó en mis entrañas,
sé que sangraba, que acabó
la noche y sangraba.
Apócrifo

dónde las horas en que ataba
el cordel seco de sus labios
los restregaba
y escupía después el placer del hombre
dónde esos cines más oscuros
y míseros con butacas que chirriaban
como jadeos y bultos
cambiaban continuamente de asiento
dónde en qué lugar del mundo
cabe esa imagen
quién pudo imaginarla
el día de su primera comunión por ejemplo
o del primer abrazo
allá y enamorado
cuándo en qué momento
se decidió crear
junto a la belleza el tiempo
y con él cartón para los cuerpos
cines oscuros como el que digo
y míseros y mujeres y hombres
que supuran en el centro de sus almas

Finalista del Premio Gules 1983.
Editorial Prometeo, Valencia, 1983.
70 págs. 375 pts.