Apunte para un canto a Lisboa

El recuerdo propio se desvanece,
cada día más aislado y lejano
y de otro, se olvida como si un ángel
caído nos tomara por el hombro
en la tarde añilada: Sebastião sou.
Como si al anochecer nos amparara
con su desasosiego ilimitado
el enjuto y genial traductor de almas.
En una desvencijada pensión
se remansa mi vida como el agua
torpe del río que todo lo ha visto.
Fuera circulan tranvías, personas,
miro sus ojos durante un instante
y con su memoria trazo los versos.