Pájaros extraviados, 2019






Puedo ofrecer el cielo oculto en un poema,
pero nadie rezará nunca por mí.
NOVALIS



NOCTURNO (1)

Entra por la ventana y deja
la noche
sus pertenencias en la cómoda:
la oscuridad, destellos, el silencio.
Con la tela de terciopelo índigo
que carga a hombros, tras el desplegarla,
construye un cobertizo.
En lo más alto, signo de presencia,
ha colgado un farol.
No tiene nada que contar,
pero a quien quiera comprenderla
a cambio le concede
el don de lo confuso.
La pérdida de las identidades,
la abolición de líneas. Regalo
extraño con el que habitar un tiempo
que atiende solo a la otra lógica,
la que enceguece con la luz.


NOCTURNO (2)

En los cuadros nocturnos los pintores
sustituyen la luz por luces. Lienzo
que, olvidado de los matices, muestra
un continuo sin formas que salpican
aquí y allá pequeñas claridades,
lejos unas de otras, incapaces
de concebir una realidad.
Son esas luces sueltas las que dicen.
Minucias que se alzan en metáforas.
La luna, su reflejo sobre el lomo
del oleaje, una ventana, ámbar
quieto de las farolas, el vehículo
que frena antes de desaparecer.
En el cuadro que la mirada elige
para pensar, los brillos sobre el cielo
nocturno responden las preguntas
que no sé aún que puedo formular.

NOCTURNO (3)

La noche lo ilumina.
Su terciopelo. Adagio.
El instante. Subida
la persiana. Anudados
los visillos. Respiración
alterada. La sencillez
del momento. La oscuridad
tenue sobre las sábanas,
el gris basalto de los cuerpos
entregados. Lo comprendía
la sinrazón, la estela de un cometa,
el salto de agua.
Lo decoraban los silencios.
Su azul. Aquel aroma.
Lo imperceptible en la línea del tiempo.
Lo veía la brisa,
las nubes que blanquean el cielo. Aquel dulzor.
El gemido.  Una brizna
en la pradera de la noche,
en el bosque
de la noche, en el océano
íntimo de la noche.

Colección La Gruta de las Palabras nº 110
Director de la colección: Fernando Sanmartín
Prensas Universitarias de Zaragoza
Zaragoza, 2019
80 págs.  11 €
[Enlace editor]

La mirada, antología esencial, 2017




O tempo tem duas assas. O espaço tem três.
MARIA GABRIELA LLANSOL
GARZAS

Las garzas buscan días claros
para volar en los prismáticos
que las observan. Sobrevuelan
a baja altura el bosque
y planean por las orillas,
junto a los juncos, paspartú entre marco
y dibujo. Sumergen la mitad
de sus zancas y el pico entero
en las aguas, avanzan
despacio, trazan círculos
perfectos en la superficie
y provocan un leve chapoteo
que solo escuchan los silencios
del río cuando el cauce
confunde lo que fluye
con lo que permanece.
Y entre tanta quietud,
estampan por el aire ameno
la ronca destemplanza
de su graznido. Nada se comprende
entonces. Así actúa
la realidad.

*** 

RECUERDO EL día en el que empezaron a licuarse las cosas. Aunque no había llovido durante las semanas anteriores, las aceras permanecían encharcadas y no era raro al caminar tener que ir dando saltos para sortear pequeños cauces. Los vecinos hablaban del deshielo. Un deshielo fuera de temporada. La fuente se transformó en una balsa cuyos márgenes se llenaron de gorriones. Hasta ahí parecía coherente. Más extraña resultaba la necesidad de esquivar la plaza infantil convertida en un estanque. Sin embargo, los transeúntes la rodeaban mirando el suelo. Qué época insólita. Ya solo me acuerdo de lo que no ocurre. 

***

HÖLDERLIN 

Que haya un puente
de piedra. Que la corriente
lo abrace por la cintura,
cariñosa, y después sin decir nada
se vaya y yo
me quede. Y por su arena
transiten carruajes.
Que entren
con fardos voluminosos.
Que salgan
con los sacos en el adral
y el paso muy ligero.

Y me tiemble la mano
con la que escribo cartas.

Que el sendero
se adentre por la umbría,
y la arboleda
lo oculte de inmediato
y parezca tiniebla
en lugar de aquel bosque.
Que la ventana donde lo contemplo
dé a un afuera y no dé a un adentro.
Fondo de Cultura Económica
Madrid, 2017
196 págs. 20 €
[Enlace editor]

Cruzar la puerta que quedó entornada, 2017




Dia de uma excepcional felicidade:
eu estava ligada a todos, todos se ligavam a mim.
Perfeita presença
MARIA GABRIELA LLANSOL
1 | CHARLA 

Un charco de luz donde flotan las ramas que el viento del otoño ha arrancado. Encuentro a Ana de Peñalosa en la cocina. Escribe. El cuaderno abierto sobre el mantel de cuadros rojiblancos. La escucho con la espalda apoyada en los azulejos de la pared. Con el frescor recorriéndola. El rumor de la pluma al arañar el papel. La atiendo ensimismado. Sé que podría decir algo en cualquier momento, y Ana levantaría los ojos para mirarme. Pero entonces dejaría de oírla, así que callo. Y sin embargo hay una conversación. Las ramas del tilo que caen en la blanca alberca. 

3 
La nostalgia de réplicas la suple Eleonora gracias a una pequeña maceta con siete bulbos de narciso. Si el terciopelo de los nubarrones cuelga como cortina ante la ventana, la coloca en el alféizar. Si una frase adolece de esta ausencia de voces por los corredores de su construcción, la deja entonces en la mesa, sobre el montón de folios escritos. Sin precaución, a veces, por regarla, vierte la jarra del agua y me apresuro trapo en mano a limpiar tierra y humedad antes de que la tinta abandone las palabras, salte de unas a otras, las confunda, las ciegue. 

5 
Cestos de mimbre a medio llenar, o medio vacíos, arrumbados bajo un soportal. Cántaros que dan de beber al sol. Gallinas que estrenan la libertad. Basta el paso por las callejas del mercado de Marta y María, las dos hermanas beguinas, para que lo perentorio extravíe sus razones. También a mí me ocurre. Por seguirlas con la vista descuido cualquier negocio que tuviera entre manos. Y ni siquiera voy a susurrarles severa cuestión al oído y escuchar su consejo con pasmo en el rostro. Ni desdoblo las mil dobleces de una carta para oír cómo transforman los garabatos en palabras.

el levitador / 68
Editorial Polibea
Madrid, 2017
100 págs. 10 €
[Enlace editor]

Lunáticos, 2017



Un solitario en las redes sociales. 
JAC
Aprender el oficio de alfarero: moldear con las manos la arcilla del tiempo para construir días que conserven dentro el frescor del agua.

*

El añil de los campos de lavanda que el cielo zarandea para perfumarse.

*

La métrica, sastería de sonidos, requiere cortar las telas con gusto y coserlas como continuidad, sin que las costuras resulten visibles.

*

Solo en lo que se contempla cada día es posible descubrir algo insólito, original, soprendente. La novedad es, per se, repetición.

*

Aficiónate al frontón. Ninguna pared te dejará para irse a jugar con otro.

*

Con aire de pintor de nubes observo el cielo. Cambia tantas veces al día que parece un desperdicio de la imaginación que no conserve copias.

*

La ventana se ve guapa con el vestido de lunares que le ha puesto la lluvia.

*

Dejo a Platón en la taberna. Creo que ve sombras en las paredes. Me acerco a casa de Parménides, pero se ha ido a pescar. Vaya día llevo.

Colección Aforismos nº 17
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2017
82 págs. 10 €
[Enlace editor]

OCHO POEMAS. NOVELA GRÁFICA de Laura Pérez Vernetti


Centro Cultural Generación del 27. Málaga 2016


TURIA Revista Cultural nº 116 Febrero 2016



Tapia con mirlo, 2014




de un             
La verdad           instante
de este            
MARINA TSVIETÁIEVA


Meter em verso as pequenas coisas
mais fáceis de se perderem.
RUI CAEIRO

TAPIA CON MIRLO 

Yo, pensándote. Tapia 
cubierta por la yedra con un mirlo 
en lo alto, desconfiado, inquieto. 
Maduran las cerezas y los nísperos, 
pero la piedra insiste en su grisura. 
Puerta, luz oxidada, 
hierro que nadie cuida. Yo, sabiéndote, 
mis zapatos de charla con guijarros 
que sepultan las malas hierbas. Cruces, 
flores marchitas, nombres sin alguna 
letra. Yo, presintiéndote. 
RETRATO DE CAMPESINO DESDE EL SENDERO 

El heno recogido. Las yeguas irritadas. 
Ladridos de los perros. Gruñidos del cerrojo 
del portón al cerrarse. 
En la frente las gotas de sudor, de humedad, 
de incertidumbre. Lonas sobre el carro, las palas. 
El cielo tan oscuro. 
Los postigos sellados. La memoria despierta. 
El temporal se acerca desde el oeste. El trueno 
lento alcanza al rayo. 
Los goterones pintan lunares en la tierra 
pálida, leve, limpia, asustada. La lluvia 
hace temblar las tejas. Igual que en el amor.  
TRES VIÑETAS DE GEORGE GROSZ 

Bosque de las luciérnagas, 
sonata que ensayaba a su regreso 
de la escuela en invierno, cobertizo 
donde se oía el tren cada mañana 
camino de Berlín. 

                                          Maleta 
atada con correas, niebla, luces 
a lo lejos de pronto allí delante, 
dos bocadillos, zumo, con las señas 
de una calle en Berlín. 

                                           Tranvías, 
una carta de recomendación 
que no tiene. La espera, un balde roto. 
Asentir a un susurro en el café 
es fácil en Berlín. 
                                           Caricias 
que capturan luciérnagas.
Colección La Gruta de las Palabras nº 88
Director de la colección: Fernando Sanmartín
Prensas Universitarias de Zaragoza
Zaragoza, 2014
80 págs.  13 €
[Enlace editor]

LITORAL. El Árbol. «Sombras»




Nada turba la sombra de los cedros
En el parque, solo de vez en cuando
Cruza algún corredor o alguna madre
Con los niños a rastras. El muchacho

Abre el cuaderno azul de las metáforas,
Numera líneas hasta catorce
Y escribe las mayúsculas de un título;
Libro que llamará Narrado en Bronce.

Pero una voz distrae su mirada.
El murmullo tras la espesura ha roto
El primer verso, la indolente brisa,
Las palabras sabidas, su inocencia.

Encaramado al seto de los sueños
Con los ojos pendientes del deseo
Ajeno, ha visto unas manos talladas
Sobre las faldas granas de la tarde.

Litoral nº 257 «El Árbol. Poesía y Arte». Málaga, 2014. Pág. 153.

«DICIEMBRE, 1981» («Poemas para Luis Cernuda» Ediciones LA REVISTA ÁUREA 1. Madrid, 2013. Pág. 105)




D I C I E M B R E,  1 9 8 1

Qué indiferente era aquellos días 
después de clase la ciudad. Qué inútil 
la lluvia o el rosado atardecer 
cuando sobre la puerta la campana 

tintineaba y abría el paraíso. 
Vida eterna de estantes atestados, 
el polvo de un desierto entre los lomos, 
y cuando se encontraba, la promesa 

de un fulgor. Con cubierta y forro, 
Garamond caja alta, dos delfines, 
Poesía completa. Luis Cernuda. 

Sin quinientas pesetas. En la guarda, 
a lápiz. Tapo el libro. Salgo. Corro. 
Vuelvo corriendo. Aún está. Lo pago.

«143 SÍLABAS» (LA REVISTA ÁUREA núm 5 Madrid, 2013 Pág. 22)



1 4 3  S Í L A B A S

A las cinco en enero ya oscurece, 
los semáforos saltan su aburrida 
rayuela ante los plátanos. Abrigos 
y bufandas puntean las aceras. 

Del cuello de la noche cuelgan perlas 
brillantes y fugaces. Alguien fuma 
en un balcón. Los signos nada enseñan 
a quien los mira. La ciudad se pudre 
sujeta en el bolsillo entre las manos. 

El invierno le habla muy cansado, 
con voz de lluvia, al alma. Las vacías 
plazas, escaparates tras las rejas 
y óxidos en el aire la dibujan.


Vitrina de charcos, 2011




L'éclari me dure
RENÉ CHAR

I

Patea el aire, seis agujas,
seis filamentos insaciables,
insaciables los seis insomnios
que patean la noche, agujas
incansables, las seis angustias.
Escarabajo boca arriba
en el sendero. Seis insomnios.

Dos brazos, manos, dedos, dos
afluentes los dos brazos, manos,
dedos, sin número los dedos,
arroyos o torrentes, nunca
charcos, los dedos navegan,
transportan secos troncos, muertos
que llegan hasta el río y más.

Siete palabras. Cada signo
arañado a la piedra, siete
signos en orden inflexible,
 arañadas palabras, siete
uñas, siete silencios, cantos
ruidosos, inflexibles cuando
se desmoronan, piedras, signos.

Senderos, ríos y poemas,
no vengáis, no riáis, no habléis.


IV

La noche que Novalis dibujó
para que el cuello fuera la luciérnaga
y el abrazo las manos que la atrapan.

El cuello que Novalis ha soñado
despierto como fatuo resplandor
donde el agua se abraza a los nenúfares.

Abrazo que Novalis sentiría,
y en los labios la tenue piel de un dios,
al estrechar los hombros de la náyade.

La piel imaginada por Novalis,
azul, no blanca, entre las sombras déspotas.
Blanca en medio de la noche azul.
.
Un Novalis que Novalis no vio.
Una noche que la noche no tuvo.
Un cuello que aquel cuello. Un dios. La ráfaga.


VI

Y en el bolsillo arena, piedras
menudas, sin valor, estiércol
seco, matas de hierba, plásticos
viejos y la memoria estéril
de los suyos. Y en el bolsillo
muy arrugado un papel, luces
escritas con grafía extraña,
unas cuentas quizá, una carta
que nadie sabe ya leer
o un simple instante de silencio.
Y en el bolsillo poco más
—arena, piedras, matas, plásticos—,
un papel, un silencio apenas.

Ninguna hora en el bolsillo,
en tantas que llamó, tenaz,
para que no viniera nunca,
en otras que olvidó sus sombras.
Ninguna noche, ni la víspera
de la noche, del ángel. Nada.




VII

Cuando la oscuridad emerge
desde el reverso del estanque,
enloda despacio las aguas
y sus añiles cercan
la luz que aún palpita en los nenúfares,
los ojos ceden. Los brazos, las manos,
las piernas.
Ceden los cabellos blancos,
invisible caligrafía
sobre las hojas que quedaron
por escribir en el cuaderno.
Los símbolos reconocidos
se hunden al atardecer
en la tumbona que junto a la mía
hay sin nadie.
               Me asusta el súbito
escalofrío y abro bien los ojos.
Si me levanto en busca de un jersey,
algo me retendrá dentro —no sé,
la cena, las tareas— al tiempo que anochece.

Colección La Gruta de las Palabras nº 73
Director de la colección: Fernando Sanmartín
Prensas Universitarias de Zaragoza
Zaragoza, 2011
100 págs.  16 €

Maleza (ciclo completo 1990-2010), 2010

.
.


La felicidad posible
va volviéndose cada vez más imposible
FRANZ KAFKA
Otoño en Carlisle /3

...............................GETTYSBURG

Las moscas, dijo allí Jesús Aguado.
Un infierno de verdes moscardones
donde mirábamos tan complacidos
hierba, árboles altos, setos, mármol.

Ningún insecto revoloteaba
las losetas con número de muertos
desconocidos; ninguna molestia
frente a los monolitos funerarios.

Las moscas —repitió entonces Jesús
Aguado porque nos veía ver
tan confiados el cielo azul, los bosques

carmesíes— las moscas, los cadáveres,
van siempre de la mano como padre
e hijas. ¿Quién las ve? Todo tan pulcro.
Lisboa
.
No, no es lo mismo el recuerdo que la memoria. El recuerdo lo es de los días ágiles del verano y la memoria sedimenta su lodo únicamente en las tardes repetidas del invierno. Hay ciudades que se recuerdan por la generosidad de sus avenidas, por sus catedrales o por sus concurridos cafés. La memoria distingue los hundimientos de la calzada, los mensajes escritos en los muros, el picaporte de las puertas en las tiendas oscuras, o el acento del norte de un vendedor de lotería. El tiempo no daña el recuerdo, pues ante él todo permanece con ese aire intemporal que tienen las postales iluminadas a mano. No soporta la memoria enfrentarse al tiempo presente: esas pequeñas mudanzas (un empedrado distinto, un edificio o un comercio nuevos, una ausencia entre las voces de la plaza…) complican cualquier regreso. La respuesta del recuerdo es el énfasis. La memoria prefiere la indiferencia. Piensa que su lugar debe estar en otra parte. Una cosa más: el recuerdo se narra en tardes de muchos amigos en torno a una mesa; la memoria si se transmite es en silencio, cuando por ejemplo te aprieto la mano al pasar frente a la cochera de tranvías en Alcântara.
Alcântara

Polillas en la madrugada,
los tranvías regresan al hangar
de los sueños perdidos. Luz metálica,
herrajes lánguidos, lagartos,
felicidad de grasas tan antiguas
como los versos sincopados.
.
Te llevé un día a verlo, los dos juntos
de la mano; silencio entre cegueras.
.
Abierta fruta al mediodía,
la cochera recuerda una vitrina
de dioses, biblioteca de espasmos,
pinchados coleópteros azules,
reino libre de túneles e insultos,
reino apátrida, lejos de los tábanos.
.
Mi camino cruzaba siempre
por delante: su puerta, mi ventana.
.
Enigmático dial, destino, cauce,
paciente don de un trazo paralelo.
No es cierto que alcances donde dices,
Vía Muerta.

Colección Alambique nº 6
Huacanamo
Barcelona, 2010
224 páginas. 14 €

«Sintra» (Turia nº 91, octubre de 2009, pág. 145)

.
Sintra

Aquel hombre llamado Pedro sale
conmigo a la terraza: allí el castillo
invita a la armonía.
Ha llegado por la mañana
a visitar mi sueño abuhardillado,
el colchón en el suelo, mi chaqueta
en el suelo, tarima que acarician
sus pies descalzos. Aquel hombre
llamado Pedro llega de Lisboa
en tren, el mismo renqueante, sucio,
lánguido tren que olvidan nuestras manos
—juntas fundan un sueño sin presente.
He abierto la puerta con confianza
al hombre que quería verme, Pedro,
sería un buen testigo de que el sueño
que soñé en Sintra tuvo cuarto, puerta,
terraza y una ventana abierta al cielo.
Al cabo todo resultó tangible,
y el agua lo deshizo lentamente
en los recuerdos renqueantes, sucios,
lánguidos del país que fue real.
Todo, la lluvia y las caricias
y el amargor que en nuestras bocas
culminaba el placer, todo mortal
salvo el hombre llamado Pedro
que ignoro desde dónde llega,
de qué me conocía, cuándo
nació aquella confianza
con la que abrí la puerta de la casa
a quien al irse dejaría
muertas sus ataduras con la realidad.

Frágiles, 2006

.

pas davantage
de souvenirs qu’à l’âge
d’avril un jour
d’un jour
SAMUEL BECKETT

El silencio de la vieja iglesia

En el balcón sus cuerpos sin camisa
brillan como jarrones chinos, jóvenes
en noche de sábado, en verano,
sin saber dónde ir, sin saber cómo
vencer al tiempo. Danzan ilegibles
por el piso de los padres ausentes.
Sólo la artesanía de la hierba,
los dedos laboriosos en la palma,
les detiene un instante, luego fuman
en círculo y de nuevo lanzan tacos
bajo la luz de un farolillo rústico.
Llevan el pelo corto y se adivinan
las horas de gimnasio en vientre y hombros.
Sólo a veces con ellos hay alguna
chica, que no interrumpe la deriva.
Una noche un muchacho la descubre
tras su escondite de cortina y sombra,
al otro lado de la calle, y encara
sus ojos recatados, tan humildes
como el silencio de la vieja iglesia
donde se arrodillaba cada tarde
para pedirle a Dios un buen marido.
«Eh, tú, ven a follar aquí conmigo»,
oye, detrás de los visillos, trémula,
azorada, dolida, opaca. Muerta.

En el balcón los cuerpos sin camisa
empujan el verano hacia otro mundo.
Presentación de «Barcelona 08009»

Cómo se aburriría entre nosotros
Rimbaud. Sin su melena, su pipa,
sin un talud al borde del camino
donde echarse a dormir, nos saludamos.

Oficia el viejo sacerdote, ateo
por desmemoria, de la poesía.
Café del Centro, calle de Girona
sesenta y nueve. Junio ensucia y afea.

¿Qué nos haría hermanos de Rimbaud?
Envejecemos muy despacio, en calma.
Nadie nos amenaza en el asilo

de malos editores y ninguna
reseña. Pero nos queremos mucho,
porque, muerto Rimbaud, no queda vida.


Presentation of Barcelona 08009

Rimbaud would be so bored among us.
Without his mane, his pipe,
without anywhere to sleep
along the side of the road, we greet.

Our celebrante, the old high priest of poetry,
an atheist by virtue of forgetting.
Café del Centro, Girona Steet
sixty-nine. June looking dirty and ugly.


What could make us brothers of Rimbaud?
We age slowly, calmly.
No one threatens us in our asylum

of bad editors and no reviews.
But we love one another a lot,
because, with Rimbaud dead, there's no life.

Versión de Mark C. Aldrich
Sirena 2006:2. Dickinson Collage. Carlisle PE
De quien muere sin elegía

Te habré mirado, torpe desperdicio
canino en la cuneta, muerte acaso
también como la nuestra, sin quererlo,
con la ciega visión de quien conduce.

Con los altivos ojos de quien piensa
habré hablado, porque hablar distingue
del que ladra, a la amiga que ha visto
la misma sangre, vísceras y broza.

¿Qué tontería habré contado luego
para endulzar algo la imagen ingrata?
La carretera, sin embargo, sigue.

Suena la radio. Alguien nos adelanta.
En el hostal donde almorzamos nada
queda del perro. Ni de quien lo vio.
Colección El Castillo del Inglés, 12.
Publicaciones de la Antigua Imprenta Sur.
Málaga, 2006.
Ilustración de Rafael Pérez Estrada.
42 págs. No venal.

Domicilios (Antología 1983-2004), 2005

.

Antologia, 2004

.
Túneis / 1

Há quem lhe chame o túnel. Corredor
que vai desde a rua até ao mercado.
Quanda baixa a grade frente às entradas
o vigilante, fecha a luz, letreiros,
já ninguém se aventura pelas sombras.
Do passeio vêem mover-se as brasas
dos cigarros, ao ritmo das mãos,
ouvem risos de longe se nos rimos.
Cheira a urinas, está frio. Um dia
seus lábios encheram-no de carícias.
Pelas manhãs abre um homem do talho
que à tarde deixa diante do vidro
uma fila de ganchos. Muitas vezes
vejo pendurado aí o nada.
Túneis / 9

Um dia eu ouvirei falar na rádio
do amor, ao limpar os corredores
e gabinetes do grande edifício
da Esperança. Soará a voz
no carro, entre panos, sabões, baldes,
a voz que fala a todos do amor.
Enquanto aspiro a alcatifa, esfrego
retretes, erguer-se-ão as palavras
com seu pequeno túnel de verdades,
com aquelas cócegas miudinhas
da felicidade. E ao sair
vou para a rua como quem um dia
sai da maternidade e nos seus braços
leva um vazio, embala um vazio.
Túneis / 10

Armários sem roupa
gavetas vazias
a cor das cobertas
ida e os lençóis
negros de humidade
lâmpadas fundidas
em fio tapetes
aparelhos mortos
e vidros partidos.
A vida em tal tútel
o segundo esquerdo
número vinte e quatro
sem ti uma chaga
sem ti era o nada.
Averno. Lisboa, 2004.
Selección, traducción y nota introductoria de Joaquim Manuel Magalhães.
Ilustración de José Loureiro.
Maqueta de Olímpio Ferreira.
136 págs. 12 €.

Formas débiles, 2004

.


Onde vamos, alheio o pensamento,de mãos dadas?
CAMILO PESSANHA
Motivos / 5

Detrás del presbiterio, bajo
un arco de medio punto,
desciende una escalera estrecha,
húmeda y hosca hacia la cripta.

Sobre seis columnas deformes,
tan pesada como la noche,
prieta, la bóveda descansa
envuelta en ásperos sillares.

Un único tirabuzón
de luz zaranda un ventanuco,
dibuja sombras en las sombras.

Una hornacina entre silencios.
La cripta es una burbuja
en el gorgor del universo.
Pintura / 1

La muchacha de ojos claros busca
encender el candil frente a las sombras.
Presiente ya el desorden de la noche
en la pereza de la luz gastada.

Toma la vela con la mano izquierda
y dirige la llama hacia la mecha.
Un arco con arenas parpadea
y destierra lo oscuro a los rincones.

Recupera la aguja, su dedal
y los trapos que arrumba en el regazo
para zurcir los antiguos remiendos.

El canto de los pájaros se ahoga
tras la ventana abierta hacia el verano.
Aunque llegara, no hablaría el tiempo.
Ciudades / 1

Nada descubro en Burgos esta tarde
que me recuerde a mí, que vierta sangre
de la sangre que nutre mi memoria.
Bajo los soportales he mirado grúas,
la caseta metálica
donde se cambian los obreros,
el color húmedo de los terrones
de arcilla, el muro de cemento
hendido en las entrañas de la plaza.
Es tan trivial la tarde en Burgos,
tan ajena a los ojos que soñaron
un día con su nombre como el nombre
del edén: esa luz donde se mira
la tersura de lo que no existe.

Ante el escaparate de un comercio
he visto mi reflejo:
las mangas le comían las manos
y en los hombros
la pana se estiraba con ciertas estrecheces,
le aprietan los zapatos de Dios sabe qué boda,
aunque le esté ahogando el botón en el cuello
considera lo propio de ir a la ciudad
mantenerlo abrochado.
.....................................Sólo ha sido un instante,
luego ha vuelto el bochorno de septiembre
perlado en el sudor de los obreros.


Premio Hermanos Argensola 2004.
DVD, poesía. Barcelona, 2004.
90 págs. 9 €.